Nihilius Cromwell

Nihilius es un joven cleric de origen noble al servicio del Imperio. De contextura media, tez pálida, nariz aguileña, monóculo en su ojo izquierdo y cabeza afeitada no resalta mucho de entre una multitud a no ser por sus ropajes eclesiásticos.

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Bio:

Bajo el nombre de Nihilius, fue nombrado el segundo hijo de Actus y Zirith Cromwell, nobles de Malfi. Dado a luz, con ojos y cabello castaño, nariz aguileña y de contextura frágil. Su situación es similar a la de otros niños aristócratas de Malfi, un Hive Wolrd en el sistema Malfian del Sector Calixis, en el Segmentun Obscurus. Donde sus vastos continentes se erigían estas imponentes ciudades. Como las otras familias, la suya está inmersa en la búsqueda y lucha por privilegios, riquezas, dinero y poder.

De una moral bastante cuestionable han sido por generaciones los descendientes de este linaje, la misericordia, tolerancia y perdón son consideradas como debilidades para una verdadera voluntad. Los ojos vigilantes de su eminencia, la Matriarca Glydus no son ya capaces de contener a este complejo mundo de 23 billones de habitantes, donde las altas esferas de la noblesa juegan a la política con sangre, engaños y conspiraciones. En este contexto, la familia que muestre impotencia es rápidamente desplazada por otra, a veces pierden prestigio, otras veces simplemente desparecen en las sombras de la memoria.

El hecho de no haber nacido primero, marcó su vida. Relegado de toda consideración y privilegio de ser el sucesor, era tratado de forma despectiva. Hecho que hacía que su hermano mayor, Alexius, no se fiara de su débil hermano, siguiente en la línea y por tanto, el enemigo más próximo y peligroso. “La envidia ha sido un poderoso catalizador para las desgracias de los grandes hombre hijo”-le decían sus padres.

“Es el fuerte es quien domina la sociedad”-siempre le recordaban- era costumbre que los padres hicieran lo imposible por que sus hijos sean mejores y más valientes que los de sus familias rivales. Nihilius, como segundo vástago, cumplía una función de ser un remplazo. Razón por la cual no podían aceptar que fuese débil, que fuera no apto para entrenamientos forzados y todos los requisitos para el éxito en lucha por la supervivencia en Malfi.

Durante la adolescencia tardía los temores de Alexius sobre su hermano menor desparecieron, el primero era ya un ejemplo de virilidad, fortaleza y etiqueta, acompañadas con la crueldad virtuosa para hacerse temer y ser respetado entre sus amigos; el segundo, frágil, escasa vista en el ojo izquierdo y de aspecto enfermizo era el ejemplo de aquel que podría ser descartable por el orden natural.

Excluido de los privilegios de ser el heredero y futura cabeza de la familia, Nihilius adquirió pasatiempos que podrían considerarse, mundanos, para cualquier noble respetado. No practicaba la caza, ni hacía deportes, salvo el haber aprendido a nadar de niño. Su cuerpo era la de una persona promedio, no destacaba por fuerza bruta como su hermano mayor, quien recibía no pocos elogios y adulaciones. Pasaba horas en su taller, tallaba y pulía lentes, era su uno de sus pasatiempos predilectos. Su ojo izquierdo no veía bien, así que experimentaba monturas y tipos de cristales para mejorar su vista. El resto del día se sumergía entre libros roídos en la biblioteca de la familia, con una vasta colección de textos y manuscritos acumulados durante generaciones, donde uno de sus temas favoritos era los concernientes al Credo Imperial.

A los 17 años, en plena juventud, parecía que la providencia había condenado a este pobre joven. Una enfermedad mental muy rara, le aquejaba. Los médicos de la familia no pudieron diagnosticarle y descartaron el caso unos años después. Sus padres, por consideración, al igual que su hermano mayor, decidieron recluirlo en una de sus residencias más antiguas, aislada de de la sociedad cosmopolita, donde podía disfrutar de sus pasatiempos, así como visitas de sus amigos, quienes sabían poco a nada de esta enfermedad (deliberadamente escondida ya que podría traer dudas respecto al contenido genético de la casa Cromwell).

No obstante, esta plácida y monótona existencia no duraría mucho. Hizo amistad con un miembro de una familia rival, los Constantine. Ante la noticia, sus padres alzaron sus quejas y ordenaron no permitir que saliera más, retiraron muchos de sus libros e incluso cerraron su taller. Dejándolo ante una situación agobiante y exceso aburrida. Decían que un accidente con un martillo de guerra había dejado daños a Nihilius y así justificar su “retirada” de la sociedad.

Pero esto no detuvo las movidas por el prestigio y poder en Malfi. La noticia fue muy bien recibida por no pocas cabezas nobles. El jefe de la familia Constantine, Victus, hizo llegar cartas al joven, tuvo incluso una audiencia en privado él. Sus conversaciones eran un tanto ridículas, este hablaba mientras Nihilius solo lo veía, con la cabeza un tanto reclinada sobre su hombre derecho, escuchaba todo, asentía y decía poco para responder. Le habían propuesto un trato extremadamente beneficioso, donde aparentemente todo era ganancia. Era muy simple, ayudar a eliminar a su hermano mayor, Alexius, quién ya era visto como problema para muchos y convertirse así en su sucesor inmediato. Los otros nobles pensaban que sería fácil controlarle, tenía problemas mentales y sus pensamientos por lo general no parecían estar en el aquí y el ahora.
Nihilius aceptó, no tenía nada que perder, y decía con frecuencia sus nuevos aliados que sentía suficiente odio por su familia al haberle despojado de todo cuanto quería y asilarlo en una fría y solitaria residencia, donde apenas habían comodidades. Les envío planos de la residencia a los conspiradores, bosquejos de los aposentos, disposición de las ventanas y una que otra entrada secreta, así como los guardias más propensos a ser disuadidos por el dinero. Repasaron varias veces el plan por petición de Victus, para asegurarse que la demencia no pusiera obstáculos a sus planes.

El día llegó y durante el gran banquete ofrecido por los Cromwell con motivo de la subida de Alexius como jefe y cabeza de la familia (sus padres ya estaban muy viejos y agotados). Muchos nobles rivales o indiferente llenaban el gran salón donde se llevaba a cabo dicha ceremonia. Sólo Victus Constantine sabía el caos que se desataría, esa era su noche, su ascensión en la escalera del poder. La caída de Alexius sería su ascenso y haría a todas las familias recordar ese día y temerle.

Nihilius había sido invitado, pero colocado de forma apartada a una de las esquinas debido a su “condición”. Desde donde estaba podía casi todo lo que sucedía. Su hermano mayor alzó la copa del orgullo (tesoro familiar) y bebió de ella como era tradición y también la señal para actuar. En ese instante sin que nadie se diese cuenta, guardias sobornados comenzaron a apostarse en las rutas de escape que les habían sido comunicadas con anterioridad. Al terminar la ceremonia los viejos padres debían retirarse y dejar al sucesor presidir el banquete. Se levantaron e hicieron una leve reverencia y se marcharon con la cabeza en alto mientras una orquesta tocaba unas notas para acompañarles.

Nihilius ante tal situación arrojó un recipiente de cristal al suelo y atrajo la atención de todos los presentes. Luego se quedo con mirada perdida al horizonte como si hubiese total calma. Sus padres y hermano se acercaron para retirarlo, ya que estaba siendo motivo de vergüenza para la familia.

Fuera del salón y lejos de los ojos y lenguas de fuego de los invitados, Nihilius indicó a los guardias que previamente había sobornado, llevar a su familia a los aposentos, donde serían encadenados y encerrados en total discreción.
Victus Constantine aguardaba con ansias el regreso de Alexius y Nihilius, para ver como moría el primero a manos del segundo. Todo sería un error, producto de la demencia del que aquel que no pude nacer primero y condenado por la naturaleza con su locura. El cual, en un acto “bondadoso” sería defendido por las casas enemigas como un acto justo para conservar la línea de los Cromwell.

No obstante, Nihilius regresó y se asomó por un pequeño balcón que daba hacía el interior del salón, desde el cual no se podía subir al mismo. Pero regresó no acompañado por Alexius, sino por los guardias sobornados, los cuales hizo entrar para hacer pensar a Victus que el plan seguía en marcha. Aunque para sorpresa de este y de muchos otros, Nihilius no lucía como un demente, se veía seguro, frío, calculador, nada con la imagen que hacía años proyectaba de sí mismo. Acto seguido, dijo unas palabras a la audiencia sorprendida:
Muchos aquí piensan que soy una marioneta, un payaso, un títere, vestido de gala y con cara alegre e ingenua. Hoy os he visto amigos míos, brindando con la copa del egoísmo, bebiendo vanidad y embriagándose de orgullo. Caminan por senderos de lujuria, jugando con la ruleta de la vida, creyéndose hombres cuando no son más que niños. Creyéndose dioses cuando son sólo hombres. ¿En qué espejo se han mirado? Aparentan ser reyes pero piensan como esclavos. ¿Acaso tienen un reino? Quizás sí, pero de arena y sal, que destruyen las mareas provocadas por sus actos.
Nihilius hizo una señal y se cerraron de un golpe las puertas del salón dejando encerrados a todos los nobles y los guardias corruptos. Victus Constantine no podía creer lo que sucedía, su boca entreabierta y ojos atónitos aun mostraban su incredulidad al haber sido engañado. Ese joven jamás tuvo problemas mentales, todo fue un engaño y había aprovechado al máximo la situación. No se dedicó a luchar guerras entre aristócratas como era costumbre. Esperó y lanzó un único pero certero ataque que nadie podría esperar de él.

El salón lentamente se comenzó a llenar de gas, los ancianos sintieron como se adormecían sus miembros para luego desplomarse sobre sus lujosas vestiduras, lentamente perdiendo signos vitales. Los más jóvenes, aquellos que eran sucesores de sus casas, intentaron romper las puertas utilizando las mesas como arietes, pero si esfuerzo fue inútil. Minutos más tarde, sólo había silencio. Sería un “accidente” con el sistema de ventilación…

Nihilius fue su antigua habitación, recogió sus pertenencias, y se vistió con ropajes limpios y señoriales. Tomo para si algunas pertenencias de la familia y ordenó que las transportaran a un lugar seguro. Caminó al cuarto donde estaban encadenados sus padres y su hermano.
Tomó una pequeña llave dorada que extrajo del bolsillo de su levita color blanco y los liberó. Lo miraron con ira y a la vez con un aire de ignorancia. ¿Por qué liberarlos si podía acceder a la dignidad de sucesor con solo acabar con sus vidas?

Padres, Alexius, mis más sinceras disculpas por los eventos que han tenido que experimentar, aunque una lección había que daros. Les seré sincero, jamás he tenido problemas mentales, todo fue fingido para que me dejaran en paz, y poder escapar de los ridículos entrenamientos para los cuales no he nacido. Hermano, tú eres el sucesor, jamás he querido tu puesto, pero luego de este día sabes que pude arrebatártelo con solo desearlo. Estos años han sido muy exquisitos en aprendizajes, para mí y para todos. ¿Quién diría que el débil y “demente” Nihilius acabaría con muchos de los enemigos de nuestra familia y los guardias corruptos en una noche? –Se detuvo y miró la cara de alivio de su familia-No pienso quedarme atado a este lugar, quiero conocer más. Siempre nos han dicho que el Emperador es un ejemplo a seguir, un ideal para la humanidad. Pero además de tener fuerza, el Emperador era astuto, inteligente. Esa es la lección que quería daros, no desdeñen a quienes no han nacido para ostentar su fuerza y aptitudes físicas. Fue justo lo hice hoy, pero no nací para tomar vidas de quienes son devotos del aquel quien desde el Trono nos vigila, es algo de lo que no estoy orgulloso, la humanidad no puede perder tiempo en guerrillas internas con tantos peligros afuera. Es hora de marcharme, si mandan alguien tras mío regresaré, y deberán temerme aun mas-dijo mientras se daba vuelta y salía de la habitación.

Nihilius, unos meses después se unió a la Iglesia, convencido por uno de los misioneros de que deambulaban por los bordes del sector trayendo el Credo Imperial consigo. Le enseñó sobre los problemas que ocasionan las políticas y su interferencia con la única y verdadera fe Universal del Imperio. Donde su planeta de origen, Malfi, era un ejemplo claro.

Consiguió entrar a esta milenaria institución, bajo la jurisdicción de la Archidiócesis del sub sector Malfi, bajo la tutela de su eminencia, el venerable Cardenal Cal Sutai Arran, el miembro más viejo del Sínodo del Sector.

Comenzando su nueva vida como novicio en busca de redención ante sus propios pensamientos y transcender su pasado, trabajó con devoción. Al principio fue desde ayudante en la cocina a dependiente de un Obispo senil. Aceptó que dicha penitencia era parte de su búsqueda, él lo sabía. Fue ascendiendo hasta ser nombrado novicio y recibir un mejor trato dentro de la institución, así como disfrutar de algunos de sus privilegios. Con frecuencia su sangre pensaba por él, veía algunos de sus colegas como estorbos en su afán de servir la voluntad del Emperador.
Si el universo se regía por la preponderancia del más apto, aquel que emerge victorioso de la lucha eterna por la supervivencia, él, como un ser débil en el combate físico, solo podía hacer bien a la humanidad renunciando a sus pretensiones de grandeza y supeditarse a la voluntad del más grande de todos, a quien nadie puede superar y por tanto, señor de su destino, el mismísimo Emperador.

No se puede ser más grande que el Emperador, tal pensamiento es herejía-siempre acostumbraba a decir- pero sí se puede ser más astuto que sus enemigos…

Nihilius Cromwell

The Fall Of Malgrarian Benedictus